miércoles, 4 de enero de 2017

El camino de Carrizal parte 1: Desde Micarache hasta Quita Soles



Se dice que nuestros indígenas de los andes (mucuchíes, timoto-cuicas), usaban una ruta particular para hacer comercio con la región de los altos llanos de Barinas. Esta ruta milenaria, ahora es conocida como el Camino real de Carrizal y se me ocurrió la “brillante idea” de ir una vez más hacia lo desconocido y hacer este recorrido.

Desde que conocí que la ruta existía quise hacerla, y aunque invité a muchos de mis amigos y conocidos que asumía que les interesaba este tipo de actividad, no logré dar con ninguno, así que estaba a la deriva, a la espera que la gente de Akanan, consiguiera el quorum necesario. Tanto ellos como yo, tuvimos que cambiar la fecha unas 3 veces antes de lograr juntar a los caminantes. Fue así como finalmente, un grupo se conformó: Elena, Jesús, Leandro y mi persona, resultamos ser el grupo de desconocidos que recorrerían juntos el camino.

Para empezar la caminata primero debíamos llegar al punto de partida, lo que significó: conseguirnos en el aeropuerto de Maiquetía con nuestro Guía, volar desde acá hasta El vigía, hacer una parada logística en la ciudad de Mérida para recoger algunos de los equipos necesarios y finalmente llegar al poblado de Micarache. Aprovechamos este espacio de tiempo y recorrido para ir rompiendo el hielo entre los desconocidos y empezar a hacer grupo. Fue una muy buena idea ya que el recorrido ameritaba unos buenos cuentos.

A eso de medio día llegamos a Micarche, un pequeño caserío ubicado a unos 7 kilómetros del pueblito de Mucuchies, el lugar de donde partiría nuestra aventura. Al llegar allí, conocimos a quien sería nuestro baquiano, Alí, quien además de ser un súper conocedor de la zona y del camino, es un posadero, padre de familia, apicultor, agricultor y como diría nuestro guía, alcalde del pueblo y novio de la madrina. Almorzados y preparados los morrales, empezamos nuestra caminata por el páramo andino.



La ruta parecía bastante sencilla en principio, hermosa de vista, pues todo el páramo nos regalaba sus bellezas, además que en líneas generales, estábamos bajando (de 3650 a 3400 msnm) y no había grandes declives. Lo que más afectaba en este tramo era el frío y el tener que pasar los ríos en los que usualmente terminabas con una pierna u otra (o ambas) empapadas. Pese a ello, al empezar a caminar, la sensación térmica mejoraba pues el cuerpo entraba en calor y esto hacía más agradable el camino.

Dado que el grupo era algo heterogéneo en el ritmo de caminata, en esta primera parte del camino manejamos velocidades distintas, haciendo que en grandes espacios del camino tuviese la oportunidad de caminar a solas, permitiéndome no sólo espacios de contemplación plena de la belleza natural que tenía frente a mis ojos sino de contemplación interna, permitiendo hurgar en mis pensamientos y emociones… allí, en alguna parte existía la preocupación por el futuro, la única parte del camino que me generaba cierta preocupación, la caminata del último día, que desde que revisé el itinerario me parecía eterna, aún sin haberla recorrido.



La ruta cambió de repente, y no por las características de la misma, sino por el clima, súbitamente, una neblina que luego se hizo lluvia, nos tapó y empezó, ahora sí, el frío parejo! Al empezar la lluvia, la sensación térmica empezó a disminuir, lo que empezó a hacer mella en el grupo. Los que iban más adelante apresuraron su paso para intentar llegar al refugio lo más rápido posible y así protegerse del clima, el resto hacía lo mismo, pero debido a la diferencia de velocidades, parecía que la distancia entre cada uno de nosotros era cada vez mayor. Yo me encontraba en el medio, a lo lejos, adelante, podía ver a Jesús y a Leandro cuando las montañas y la neblina lo permitían, y detrás, podía ver a Elena y a Félix (nuestro guía), a quienes iba esperando de vez en cuando para no dejarlos tan atrás. En el medio de vez en cuando me conseguía con Alí quien con una sonrisa siempre te decía, vamos a buen ritmo, no nos falta mucho. Esas palabras de aliento son medio peligrosas cuando vienen de un baquiano y no estás en las mejores condiciones físicas, pues eso de que falta menos, no significa que estás cerca y cuando el cuerpo está frío y algo cansado en la mitad de la montaña, la tendencia es a oír lo que quieres oír y no a escuchar lo que en realidad te han informado.

Seguimos adelante y en algún momento la pendiente cambió significativamente y se hizo más inclinado, la bajada se hacía un poco más agresiva y el paisaje mucho más amplio. A lo lejos un par de ranchos llenaban de alegría la vista, eran los refugios andinos que invitaban a acelerar el paso para llegar a calentarnos y pasar la noche. Después de tres horas y media de recorrido por el páramo (unos 14 kms), los caminantes llegamos a nuestra primera parada, el lugar donde nos refugiaríamos. Una vez que nos quitamos los morrales, grabamos algunas palabras justo cuando recién llegábamos y otro al caer la noche en donde, cada uno intentó describir desde su propia experiencia, lo que había sido esta primera etapa de nuestra aventura.

Después de cenar y frente al fuego, mi mente seguía pensando en el resto del camino, como siempre, preocupada por el futuro. Consciente de eso, me quedé en el momento, en ese justo instante frente al fuego oyendo el resto de historias que Felix y Alí nos contaban, oliendo el humo de la fogata y saboreando lo que me quedaba de chocolate caliente, y poco a poco la preocupación fue desapareciendo de la misma manera que el páramo se ocultaba en la noche... Así terminó el primer día, aunque no la aventura.



viernes, 12 de agosto de 2016

Un largo Morichal


No bastaba asociar el nombre del río con lo que sería el recorrido, la verdad, había que vivir la experiencia para entonces entender que, aunque el río se llama Morichal Largo por las palmas de moriche que acompañan sus riberas, para nosotros el nombre terminó asociándose no sólo a eso sino al largo recorrido que realizamos durante dos días por este majestuoso de agua dulce.

Estábamos cerca de la fecha de carnavales y no tenía un plan concreto, pero sabía que quería conocer algo nuevo en nuestras tierras. Pregunté a varios amigos y todos estaban más o menos en la misma nota, a la espera que “cayera del cielo” un plan. Decidí entonces poner manos a la obra y conseguir un destino que cumpliera con lo que yo necesitaba: conexión con el país, desconexión de la capital y que fuese un nuevo destino.

Fue entonces cuando me topé con el plan de Aramis, quien me ofrecía un viaje en kayak de dos días y poco más de 50 kilómetros por el río Morichal Largo (estado Monagas), y que finalizaba en la laguna Guasacónica. La cosa pintaba interesante, definitivamente cumplía con lo que estaba buscando, sin embargo la distancia era un factor que me hacía dudar, pues aunque para hacer kayak no se necesita tanta fuerza sino constancia y técnica, pues navegar 25 kilómetros diarios no me parecía una distancia menospreciable. El plan era ir con mi esposa y eso ayudaba, pues aunque tenía que convencerla, el remar en un kayak doble, hace de la distancia un factor menos preocupante, aunque para que así fuera debía asegurar que ella quedara convencida del plan carnavalesco.

Después de entender un poco más del recorrido, quedamos atados a la idea, y nos repetíamos constantemente que estábamos en condiciones de disfrutar el viaje, así que nos decidimos por este maravilloso destino. Así fue como un viernes en la noche salimos de Caracas rumbo a Monagas, y un sábado en la mañana empezamos a navegar el Morichal.

La travesía se hace río abajo, haciendo que la corriente juegue a tu favor y te permita avanzar aún en los momentos en que dejas de remar para sacar la cámara, hablar con el resto del grupo, merendar o lanzarte al río para refrescarte. Durante todo el recorrido pudimos apreciar la belleza del río y las hermosuras que nos regalaban sus riberas.

Completados los primeros 25 kilómetros, hicimos campamento a un lado del río, cocinamos, comimos y recuperamos energía “echando cuentos” durante la noche, sabiendo que al día siguiente nos esperaba otro tramo que tendría una distancia equivalente.

Amanece en Morichal, el olor a café colado me termina de despertar y después de estirarnos la flojera y desayunar, nos montamos en nuestras embarcaciones y seguimos por el río, remando y disfrutando de las sorpresas que nos va regalando el recorrido. El río en algunas partes ensanchaba y en otras estrechaba, jugando con las sensaciones que te transmitía en cada remada, y fue así, como de repente, después de pasar un meandro, apareció este majestuoso Morichal Largo, que así solito y con fondo de cielo, me cautivó y me regaló la oportunidad de capturarlo... 



lunes, 23 de mayo de 2016

La burbuja y el Roraima

Hace poco en una conversación virtual con algunos amigos, me hicieron un comentario que me dejó pensativo. En aquella ocasión estaba yo empeñado (y sigo estándolo) en ver las cosas positivas del país e invitaba a dejar de quejarnos y ponernos a hacer, para poder cambiar el país desde nuestro propio cambio como ciudadanos. En esa conversación, alguno de mis amigos me dijo algo así como, Kimo, el tema es que tú estás en una burbuja y por eso no entiendes.

El comentario me llamó muchísimo a reflexión, pues mi interpretación de ese comentario es algo como: Estás tan alejado de la realidad y tan protegido y encerrado en tu forma de ver las cosas (tu burbuja), que no entiendes lo que los demás padecemos. Esos comentarios y un poco de reflexión acerca del tema es lo que produjo esta historia, y aunque fue el motivador, no prometo "dar en el clavo" con una explicación. Espero que igual te atrevas a recorrer este camino y aprendas de él al leerlo, tanto como yo al escribirlo.

En el año 1992, llegó un nuevo Dirigente al grupo Scout y él, en conjunto con los ya existentes se propusieron el proyecto de llevarnos a una gran aventura, conocer el Roraima. Para aquél entonces yo, un muchachito que había visto los tepuyes desde la distancia en mis viajes familiares a la Gran Sabana y de cerca por cortesía del emblemático programa Expedición, me emocioné muchísimo ante la posibilidad de poder conocer tan majestuoso monumento con mis propios ojos. La fecha propuesta era en el verano de 1993.

Se definieron, según recuerdo, al menos dos cosas que regularían quiénes del grupo estaban en capacidad de ir, la primera, la edad, que en mi caso estaba en el límite de la mínima, la otra era aprobar un examen físico de resistencia definido por los dirigentes.

La prueba física la logré con éxito y la segunda, pues después de un interesante trabajo de convencimiento a dirigentes y a mis padres, ayudado con la asistencia al viaje de padres de otros amigos, también la logré superar. El otro reto subsecuente y que no era tan obvio para mí al principio,  era comprar todos los implementos que para este viaje necesitaría, pues como scout ya tenía algunos, pero otros aún no.

En aquella época recuerdo que tenía un morral (pickers, el del gusanito) con armazón de aluminio externo, muy típico de aquella época (además de típico era bastante incómodo), un sleeping de mucho volumen, que ocupaba gran parte de mi mochila, y así como esos dos utensilios, podría comentar todos los que tenía y que tal vez por desconocimiento y/o falta de presupuesto, no eran los más idóneos para esta aventura, pero eran los que tenía y eran los que llevaría.

Adicional a los utensilios personales, debíamos agregar en cada morral, los utensilios colectivos (carpa, comida, implementos de cocina, bombonas de combustible para cocinar, agua, etc), haciendo que el peso del morral siguiera aumentando.

El viaje fue casi un desastre, el primer día ya había gente del grupo que tenía ampollas y que su paso se reducía a medida que avanzábamos. El cansancio de algunos era tal que al llegar al lugar del primer campamento (río Tek) sólo pensaban en ir a la carpa sin siquiera cenar. A pesar de todo eso, logramos sobrevivir a la primera noche y al amanecer, prepararnos para seguir el camino hacia la cima. Dado que dejamos nuestros zapatos fuera de la carpa (novatada), estaban todos mojados y así había que ponérselos (a pesar del frío) para seguir caminando. Para reducir el peso, recuerdo que escondimos la comida del regreso en algunos árboles de este campamento para no tener que llevarlo a cuestas durante todo el viaje.

Este segundo día sería un recorrido largo y fuerte (más que el primer día), ya que sería en el que caminaríamos siempre ascendiendo. Nuestro avance se redujo considerablemente. Una persona de nuestro grupo se empezó a sentir muy mal y para poder ayudarla decidimos montar su morral encima del morral más liviano y hacer un mega morral (dos morrales amarrados) que debíamos rotar entre el resto de nosotros, significando que el cansancio del resto se multiplicara de manera evidente cada vez que te tocaba llevar el peso adicional.

Por esta y otras razones, el pronóstico de la hora de llegada a la cima, había quedado muy atrás. Llegamos al campamento base como a las 4 de la tarde y aún faltaba ascender a la cima, lo que significó avanzar de noche. Subiendo nos llovió y debido a que las linternas que teníamos no eran de las mejores (la gran mayoría llevamos esas linternas chinas metálicas plateadas, las recuerdas?) algunas fallaron debido a que les entró agua. Esto hizo que dudáramos del camino y la decisión de algunos había sido quedarnos en donde nos agarró la noche para seguir al día siguiente, a lo que sólo una inmensa minoría nos rehusamos y decidimos intentar llegar a la cima sin morrales para avisar al resto del grupo y obtener ayuda desde los que ya estaban allá arriba. Yo no sé cual fue el motivador, si los pedacitos de chocolate, la adrenalina, el temor de pasar la noche al lado de una cascada que ni veía o el caminar sin morral, lo que sí es cierto es que algo de eso (o todo) me permitió unirme a esta idea loca de llegar a la cima lucubrando el camino con una sola linterna para 3 chamines y la verdad fue que lo logramos. Así convencimos al resto de que debíamos seguir subiendo. Una vez que llegamos a la cima, lo peor del viaje había quedado atrás, conocer el tepuy fue maravilloso, y el camino de regreso fue mucho menos traumático de lo que fue la subida. El esfuerzo había valido la pena, a pesar de las dificultades.

Años más tarde, en el 2003, se presentó la oportunidad de ir con un nuevo grupo (más o menos igual de grande) al Roraima, y a esta invitación volví a decir que sí. Estaba seguro que el esfuerzo volvía a valer la pena y que sin duda, me prepararía mejor para disfrutar este ascenso y no pasar por los acontecimientos de mi primera vez. Entrenamos, creo que incluso más duro que la vez anterior, esta vez sin dirigentes que te obligaran a hacerlo, ya éramos “adultos” y cada quién debía ser responsable por su propio entrenamiento y condiciones. Durante todo ese tiempo desde el primer ascenso a mis 14 años hasta ese momento del 2003, había invertido poco a poco en un mejor morral, en un mejor sleeping, en artículos de camping que ocuparan menos espacio y pesaran menos, en fin a recolectar durante mi camino, mejores herramientas que asumía me ayudarían de mejor manera, y pesarían menos en mi camino al Roraima.

En este grupo el plan de ascenso no era de 2 días sino de 3, algo que consideraba más racional que lo vivido la primera vez. A pesar de que el grupo era de muchas personas, se subdividió en grupos de 7, y en este subgrupo, 4 éramos grandes amigos, lo que nos daba “mayoría” en caso que algo necesitara someterse a votación. Era algo que asumíamos como una ventaja, sobre todo porque este grupo que organizó el evento, era de la UCV, y nosotros éramos los únicos 4 de la USB.

El viaje empezó y los problemas no se hicieron esperar, la llegada al primer campamento tuvo actitudes parecidas a las del primer viaje. Gente adolorida, entumecida, cansada, sin ganas de cocinar, bajo una lluvia que poco ayudaba a hacer lo que debía hacerse en el campamento. Pero el hambre abordó y logramos convencer a parte del equipo a que debíamos cocinar, y así lo hicimos. El frío no ayudaba pero el calor producido por la cocinilla nos mantenía juntos y hasta con un poco de humor. La cena estuvo lista, y justo antes de servir, la olla cayó y la cena se derramó por el piso. Recogimos como pudimos, al hambre poco le importó la “higiene”, y cubiertos en mano, nos dispusimos a comer (creería que devorar es una palabra más acorde). No creo que la tierra haya aportado sabor a la comida pero esa cena estaba de Dioses y luego de tremendo plato de comida, a descansar para recobrar fuerzas para los días siguientes.

El segundo día fue fuerte, nuevamente el peralte del terreno siempre en ascenso hizo de las suyas y nos consumió mucha energía. Además en esta parte del trayecto, habían pocas tomas de agua, haciendo que prácticamente el agua que tenías al principio de la caminata era la que debías rendir durante toda la jornada, y a diferencia de la noche anterior, el sol había aparecido de manera inclemente para alejar las nubes y la lluvia (es impresionante pero cuando tienes el agua limitada, la sensación de sed es más frecuente y tu consumo mayor, haciendo que el agua sea una preocupación adicional).

Llegamos al campamento base siendo casi los primeros en arribar. A pesar del cansancio y de la sed, veníamos con algo de buen humor, y creo que eso nos hacía tener una aparente mejor condición que el resto del grupo.

El tercer día fue el ascenso a la cima, un trayecto que recuerdo sin muchas conversaciones pero si con varias paradas para tomar aliento, fotografías y recordar lo difícil que se veía este viaje meses atrás cuando siquiera soñábamos con él y que ahora era una realidad que estábamos viviendo. El buen humor seguía siendo un común denominador y definitivamente otra de las herramientas que teníamos “en el morral” y no sabíamos.

Llegamos a la cima relativamente rápido y sin ninguna situación traumática. Al contrario del primer viaje, fue un ascenso en el que no “pasamos roncha” y que pudimos disfrutar hasta dándonos el lujo de contar chistes y alentar al resto del grupo a que siguiéramos adelante.

Foto en la cima del Roraima

Al igual que en el viaje anterior, el resto de la aventura fue en descenso, es decir, lo más difícil había quedado atrás y el resto fue más disfrute que esfuerzo.

No puedo dejar de pensar en cómo, ante un mismo Roraima, los recuerdos de los ascensos son tan distintos. Seguro que hay muchas razones para que así fueran, tal vez incluso cosas como la edad pudieron influenciar incluso en mis recuerdos, sin embargo, creo que hay otras razones que de alguna manera marcan la diferencia:
  • La experiencia: A pesar que era el único de los 4 de mi grupo que subía por segunda vez, tal vez el saber lo que no quería que se repitiera de mi experiencia previa, me ayudó y acompañó durante todo este viaje, probablemente desde el mismo momento que empecé a entrenar.
  • Utensilios más acordes al viaje: Hay un equilibrio importante a la hora de armarte para este tipo de viajes y que creo que debemos aprender a respetar. Mientras más utensilios y herramientas lleves contigo, es probable que estés mejor preparado para cada acontecimiento, sin embargo nunca debes olvidar que todo eso que quieres llevar, estará siendo cargado por tus propios hombros, así que es fundamental no excederte en peso. Mantener ese equilibrio es fundamental, pues:
    • Si vas con poco peso o sin peso (pocas herramientas): es como estar en el polo norte y decidir salir en short y franela a recorrerlo. Simplemente te congelarás.
    • Si vas con demasiado peso (demasiadas herramientas): es como estar en el polo norte y salir a recorrerlo con un trineo lleno de cosas y ningún perro de tiro que ayude en la laboriosa tarea de trasladar este equipaje. Simplemente no podrás avanzar.
  • La actitud: Ese toque de buen humor y chistes malos que acompañaban las paradas que hacíamos para recuperar aliento, ese optimismo que jamás decía que fuese fácil llegar pero siempre nos decía que era posible que lo hiciéramos, esa seguridad de que llegaríamos y no sólo llegaríamos sino que llegaríamos bien a la cima, esa actitud de tener presente que el objetivo era alcanzable pero sólo trabajando en pro de él es que lo alcanzaríamos, fue un factor decisivo para que en el segundo ascenso fuera tan marcadamente distinto al primero. 
  • La amistad: El haber subido esta vez con otras 3 personas que no sólo eran mis amigos sino que además, teníamos el mismo interés de que todos llegáramos a la meta, (incluso resolviendo el problema económico que significaba para nuestros bolsillos), el ayudarnos a terminar de montarnos el morral al hombro porque quedó algo mal puesto, el revisar el peso de cada morral después de cada campamento para volver a balancearlos en función de las capacidades de cada uno, el tomarnos en serio el tener que liderar al grupo de 7 aún y cuando nosotros éramos los extraños, fue uno de los recursos que se sumó al resto para marcar la diferencia. Aunque la amistad y los amigos no son imprescindibles para llegar a la cima, el que puedas contar con ellos de forma presente, hace que la experiencia no sólo sea más valiosa, sino definitivamente menos difícil. Es probable que sea difícil que ayudes a cargar el peso que otra persona no puede llevar, pero es muy distinto cuando el que no lo puede llevar es tu amigo.

Y ahora la pregunta es: y que tiene todo esto que ver con el tema de la burbuja? Pues, no sé, yo tampoco tengo ni idea jajaja… Mentira, la verdad es que al principio de mi escritura, pensaba que podría ser obvia la relación pero luego de leerlo, no me parece ni obvia la relación, ni trivial la respuesta:

En ninguno de los dos ascensos creo haber estado desconectado de la realidad que subir al Roraima sería una tarea difícil, en ninguno de los ascensos perdí el norte de cuál era el objetivo (aunque casi perdimos el camino la primera vez), pero lo que sí es seguro es que en el segundo ascenso estaba mejor preparado para lograrlo. Físicamente había entrenado mejor, mi morral era mejor, mi sleeping era mejor, mi actitud era mejor, en fin, las herramientas con las que subí la segunda vez, tanto las internas como las externas, eran mucho mejores que las de mi primera vez y esto marcó una diferencia importante entre ambas experiencias y sus resultados: en la primera, “pasé roncha”, en la segunda, disfruté el viaje, no sólo la cima. Supongo que estas mejores herramientas no me desconectaron de la realidad, sólo me permitieron estar mejor preparado para vivirla.

Una burbuja desde lo que entiendo como una crítica, nos aísla y no nos permite entender y comprender la realidad a nuestro alrededor. Tener herramientas, cada vez mejores, nos ayuda a vivir la vida con una mejor preparación para afrontar lo que en ella suceda. Ahora bien en qué momento una herramienta se vuelve parte de la coraza de una burbuja? Ese es el dilema: Si decidiera que mi próxima subida al Roraima fuese en helicóptero, en este caso, de seguro el helicóptero podría verse como una herramienta para algunos y como una burbuja para otros (al usar un helicóptero, no tienes que acampar, no tienes que caminar, no tienes que cargar el morral por días, etc). Entonces, es el helicóptero una herramienta para subir el Roraima? O es una burbuja que me abstrae de la realidad de subir el Roraima? Y creo que esto no es una respuesta binaria simple, no es fácil discernir entre si es una herramienta o una burbuja, pero creo que la aproximación a dar una respuesta es que el helicóptero siempre será visto como ambas cosas, y dependerá de quién lo está viendo. El helicóptero puede ser visto como una herramienta para aquél que lo usa, pues a través de éste, logra el objetivo propuesto que es conocer la cima del Roraima. Seguro su esfuerzo físico es mucho menor pero su esfuerzo económico mucho mayor que para aquél que, como yo, se fue caminando hasta la cima (o un esfuerzo de mucha mayor preparación en caso de querer ser el piloto del helicóptero).

Para un caminante, el que otro haya subido en helicóptero puede ser visto como un “abuso”, como una forma irreal de conocer el Roraima, como un “atajo” como una forma “tramposa” de conocer la cima, en fin, como una burbuja que le permite volar por encima de la "relidad de subir al Roraima". Para un piloto, tal vez es una de las mayores aventuras poder aterrizar sobre un tepuy, poder pelear contra el clima, los vientos y la nubosidad del tepuy, poder lidiar con la cantidad de combustible y asegurar un retorno seguro. Para un turista, tal vez de edad avanzada y/o con dificultades para caminar, puede ser el helicóptero, casi la única forma de alcanzar esa cima, así le cueste los ahorros de toda su vida…  El caminante, el piloto y el turista lograron su objetivo, cada uno a su manera, cada uno con las herramientas que tenía a la mano y con las que su vida y su experiencia le han permitido tener, herramientas que trabajaron, que se esforzaron por conseguir y que hoy tienen a la mano, entonces, cuál herramienta es más valiosa? cuál cima es más significativa? Cuál es más verdadera? Cuál de ellas no es la cima del Roraima?

lunes, 2 de mayo de 2016

Formas de ahorrar agua en nuestro hogar


Image courtesy of Stuart Miles at FreeDigitalPhotos.net

Desde hace algún tiempo, el problema del agua nos ha ido afectando cada vez más y aunque todo el mundo coincide en que ahorrar agua es bueno para el planeta, muchos olvidan generar cambios en su consumo o crear hábitos que realmente ayuden a conservar este vital líquido.

La idea de este post, es dejar alguna información que podría ayudar a cambiar nuestros hábitos de consumo y que al hacerlo, ayudemos a realizar un consumo más eficiente del agua. Espero que sean de tu interés:

Usar papel reciclado: Aunque es probable que no veas la relación entre el agua y el papel, pues te comento que para producir papel, es necesario un montón de agua. Si en vez de usar la madera, se usa papel reciclado en la elaboración de papel, se ahorran unos 50 mil litros de agua, además de reducirse la tala de unos 14 árboles. La próxima vez que vayas a comprar papel, revisa si la resma es de papel reciclado, de seguro el costo es similar, pero el impacto es mucho menor y tú estarás colaborando con ese menor impacto.

Consumo de agua en la ducha: Para nadie es un secreto lo sabroso y relajante que es meter la cabeza debajo del chorro de agua de la ducha, sin embargo, es importante que tomemos consciencia de cuanto consumimos. Se estima que un baño de 5 minutos a “chorro abierto” consume cerca de 50 litros de agua. Por ello, intenta reducir el tiempo que estás en la ducha, para que el consumo de agua también lo reduzcas. Si además de reducir el tiempo, también tomas el hábito de cerrar la ducha al enjabonarte y/o al echarte champú, reducirás aún más el consumo de agua en esta actividad tan cotidiana en el hogar.

No botes el aceite por el lavaplatos: Aunque no hagamos muchas frituras en casa, cuando lo hacemos, lo más común es que tiremos el aceite usado en el lavaplatos de la cocina o en algún otro sumidero, ¿verdad? Ese es uno de los mayores errores que podemos cometer, ya que un litro de aceite contamina alrededor de 1 millón de litros (1.000.000) de agua, lo que es agua suficiente para una persona por cerca de 10 años. Para evitar este desastre ambiental, lo mejor que podemos hacer es colocar el aceite que uses en un envase plástico con tapa. Yo recomiendo envases como el de mayonesa, ya que es de boca ancha y es más fácil verter el aceite del sartén al envase. Una vez que el envase esté lleno puedes hacer dos cosas:
  • Desecharlo con tu basura regular
  • Esperar por una jornada de reciclaje ya que normalmente aceptan este producto.

Revisa la presión de agua: Es posible que en algunos sectores de tu hogar, la presión de agua sea muy fuerte. Si esto ocurre, puedes utilizar la llave de paso para regular la cantidad de agua que sale, y con ello, regular también la cantidad de agua que se consume en dicho sector de la casa.

Consumo de agua en el tanque de las pocetas: Dado que el tanque de la poceta es uno de los lugares en los que más se consume agua, hay una recomendación bastante práctica pare reducir el consumo. Toma una botella de refresco (de esas plásticas de 2 litros) y córtala por la parte de arriba de modo que te quede un cilindro que puedas colocar dentro del tanque de la poceta y llénalo de agua. Asegúrate que no haga contacto con las partes mecánicas para no afectar el funcionamiento de la poceta. Al hacer esto logras que en cada uso del tanque, ahorres cerca de 2 litros de agua, ya que este volumen siempre estará presente dentro del tanque, producto de la inserción de la botella de refresco.

Ahorro de agua al lavar los platos: Una forma de reducir el consumo de agua al lavar los platos es usar un poco de agua para remojar los platos, luego cerrar el grifo y enjabonar todos los platos, para luego enjuagarlos. Aún hay hogares que enjabonan los platos con el grifo abierto, generando así un gasto innecesario de agua.

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Revisa todos los grifos de tu casa: Cualquier goteo del grifo, por insignificante que sea, puede generar un consumo de agua importante. En una noche, podrías haber desperdiciado más de 4 litros de agua de gota en gota. Por esto es importante que revises todos los grifos de tu casa para evitar la presencia de goteras, que de seguro son fácilmente reparables cambiando alguna goma de la grifería.

Ahorro de agua en la lavadora: La mayoría de las lavadoras (si no todas) tienen la posibilidad de regular el nivel de agua a utilizar (bajo, medio y alto). Lo ideal es que primero separes toda tu ropa por colores y cada carga de ropa la introduzcas con la lavadora vacía. Una vez que la ropa esté en la lavadora, podrás elegir con más claridad cuánta agua necesitarás.

Menos agua cuando te cepillas los dientes: Hay quienes aún al cepillarse, lo primero que hacen es abrir el grifo, luego le colocan pasta al cepillo y luego realizan el cepillado. Durante todo este tiempo, el agua se va directo del grifo al sumidero sin siquiera ser utilizada. Al igual que en el caso del lavaplatos, la idea es cambiar este mal hábito, cambiando un poco el proceso. Abre el grifo, enjuágate la boca y ciérralo. Luego cepíllate los dientes, y sólo cuando hayas terminado, abre el grifo de nuevo para enjuagar el cepillo y tu boca. Este mismo consejo aplica a quienes nos afeitamos.

Re-usar el agua con la que cocinas verduras: Al cocer al vapor las verduras, qué haces con el agua que queda en la olla? Si la desechas por el sumidero, estás botando agua que podrías reutilizar de varias maneras. Podrías utilizar esta agua de dos maneras:
  • Regar las plantas: Esta agua se ha quedado con varios de los nutrientes que tenían los vegetales que cocinaste, por lo que, si utilizas esta agua para regar las plantas, también agregarás el nutriente dejado en el agua.
  • Re-usarla para cocinar: Si además de cocinar las verduras, en tu plan está hacer una sopa o una pasta, podrías reutilizar el agua en la que cociste las verduras para cocinar estos otros platos.

Descongelar alimentos: Cuantas veces te ha pasado que llega la hora de almuerzo y olvidaste descongelar la carne o el pollo y para apurar el proceso, abres la llave de agua caliente y colocas la comida debajo del chorro? Obviamente el consumo de agua para esto es excesivo y en extremo ineficiente. Lo ideal es que justo cuando estés preparando el desayuno, saques la comida del congelador y dejes que se descongele de manera natural. En caso que lo hayas olvidado, en vez de utilizar el agua del grifo, utiliza como herramienta el microondas en su función de descongelado.

Elige un vaso como tu favorito: Compra o elige un vaso que te guste y que se convierta en tu favorito y utilízalo para que se convierta en tu vaso de agua del día (que sea sólo para ti). Al utilizar este vaso como tu vaso de agua durante todo el día, en la noche sólo tendrás que lavar un vaso (o un vaso por cada miembro de la familia). Al reducir el número de vasos a lavar, reduces también el consumo de agua al lavarlos.

Es posible que ya conozcas muchos de estos consejos y que algunos incluso los hayas aplicado en tu vida diaria, si es así, te felicito. Ahora, es posible que otros consejos sean nuevos para ti y los puedas poner en práctica de ahora en adelante.
Conoces y aplicas otras formas de ahorrar agua? Si es así, sólo escribe en los comentarios para que todos conozcamos de ellos.



miércoles, 9 de marzo de 2016

Adivina el nombre del animal


Te ha sucedido que en ocasiones estás inmerso en una conversación en la que tú intentas que la otra persona te entienda y por razones varias lo que percibes es que por mucho que lo intentas, esa persona no logra entender lo que tú quieres explicar? Voy a intentar generar una discusión parecida contigo basándome en una imagen. Para ello te pido entonces que veas esta imagen que te mostraré a continuación por 5 segundos (no más que eso) y luego sigas con la lectura.










Te pregunto ahora… Qué animal viste en la imagen?


Yo me atrevería a decir que el animal que viste es un conejo, así que partiendo de ese hecho imagina que ahora tenemos que jugar el juego de “Adivina el animal”. El juego consiste en que hay una persona que irá preguntándonos, a ti y a mí, cosas referentes al animal y basado en nuestras respuestas, esa persona intentará adivinar cuál animal describimos. A esa persona no le podemos decir el nombre del animal, sólo podemos contestar sus preguntas. Como nosotros no hemos hablado, sólo vimos la imagen y reconocimos dentro de ella un animal. Entonces llega el otro jugador y nos empieza a preguntar y tu y yo empezamos a responder:


  • Es un animal grande o pequeño? Pequeño contestamos ambos.
  • Se puede comer? Si! Ambos de nuevo.
  • Tiene plumas? Tu respondes que no y yo digo que si! Nos quedamos mirando ambos y nos extrañamos. Tu sabes que los conejos no tienen plumas así que es obvio que yo no oí bien la pregunta.
  • Tiene orejas grandes? Tu respondes que sí y yo respondo que no! Nos quedamos mirando ambos y nos extrañamos. Tu sabes que los conejos tienen orejas grandes así que es obvio que yo no oí bien la pregunta, aunque te parece extraño.
  • Tiene pico? Tu respondes que no y yo digo que si! Nos quedamos mirando ambos y nos extrañamos. Tu sabes que los conejos no tienen pico así que es obvio que yo no oí bien la pregunta, pero ya tu empiezas a molestarte porque yo te estoy echando a perder el juego en vez de ayudarte.
  • Ese animal salta? Tu respondes que sí y yo respondo que no, que el animal vuela! Nos quedamos mirando ambos y nos extrañamos. Tú te molestas y me preguntas por qué demonios estoy confabulando en tu contra en el juego, en vez de ayudarte?

Después de que esto sucede, la conversación puede llegar a cualquier parte, pero me concentraré en lo que desde mi punto de vista son el camino más común y el menos común que se podrían generar ante este escenario:

  • Respuesta reactiva: Como que confabulando? Tu estás loco? Yo no estoy confabulando nada, parece que tú eres el que no quieres que la otra persona adivine dándole esas respuestas tan raras que no describen en lo más mínimo al animal de la figura? Y tú me respondes: cómo que no si he sido lo más acertado con las respuestas… Son tus respuestas las que están fuera de orden… Y así continuamos por una rato, discutiendo de manera cada vez más fuerte, buscando entender por qué el otro “está haciéndome trampa”.
  • Respuesta indagatoria: Yo no reacciono con molestia a tu molestia sino que te pregunto: por qué tú dices que el animal salta, tiene orejas grandes y no tiene pico?  A lo que me responderías algo como: porque esas son las características del conejo, el animal de la figura. Imagina que ahora yo te diga, que ahora entiendo tus respuestas pero yo no describía a un conejo, porque el animal que yo vi era un pato. (Si viste el pato primero y no el conejo, imagina la conversación a la inversa. Si aún no ves el pato, te dejo la imagen con otra inclinación para ayudar a que lo veas, para que cambies la perspectiva)





Lo más común es que en algún momento la respuesta reactiva (que creo es la más común) se termina decantando en que tu veías a un conejo y yo veía a un pato, sin embargo, el tiempo que se invierte, las palabras que se dicen y la molestia que se genera entre ambos es muy fuerte, y normalmente termina siendo una discusión que pasa a ser una lucha de poderes acerca de quién está haciendo trampa en el juego y nunca busca entender por qué describimos animales diferentes. En algún momento pasa que nos damos cuenta que tu hablas de un conejo y yo de un pato, pero eso ya no es el tema de la conversación, ya distorsionamos la discusión a una más acusativa en la que estamos seguros que el otro nos “echaba la partida pa´tras”.


Lo menos común es que uno de los dos haga una pausa y, debido a las respuestas que estamos dando ante la misma pregunta, se dé cuenta de que el animal que yo vi es distinto al que tu viste, y que en vez de levantar el prejuicio de tramposo, se aparte un instante de su propio punto de vista e intente indagar en las razones por las cuales hay esta diferencia en las respuestas, al punto que incluso cambie su perspectiva, e incline la imagen, para hacer el esfuerzo de ver lo que tú ves.


En este ejemplo es más o menos fácil de ver, de hecho, si ya conocías la figura, puede que hayas visto los dos animales, sin embargo, en situaciones cotidianas, de trabajo, de pareja, de discusiones con tus hijos, supervisores, compañeros de trabajo, supervisados, etc. el “animal” al que ambos se refieren no es tan visible, y el cambio de perspectiva para entender al otro no es tan fácil como voltear el dibujo. Lo más común es que los puntos de vista de cada uno sean menos tangibles y más difíciles de mostrar. Irónicamente, hacemos menos esfuerzo por entender al otro y concentramos nuestra fuerza en defender nuestro propio punto de vista como si ese fuese el único posible, como si fuese la única posible interpretación, como si fuese LA verdad.


A veces es necesario dejar de pensar en lo que tú ves o percibes y dejar de pelear por convencer al otro que lo que tú observas es lo correcto, para empezar a indagar por qué la otra persona ve algo distinto y entender su punto de vista antes de armar un prejucio y continuar por el camino de una discusión. También será importante que luego tu hagas un esfuerzo para que esa persona también entienda tu punto de vista. Estoy seguro que, cuando ambos hayan logrado ver las dos caras de la misma moneda, podrán tener una conversación mucho más fluida, ya que no sólo entiendes tus razones, sino que también entiendes las razones de la persona con la que conversas.