jueves, 18 de julio de 2013

Un favor devuelto al Ávila!!!



Luego de aprender del héroe desconocido del Ávila que quejarse del problema no ayuda a solucionarlo y que ser parte de la solución es lo que realmente aporta, decidí desde ese momento que cada vez que subiera al Ávila, lo haría con una bolsa plástica para recoger la basura que encontrara en mi camino. (Si no sabes quién es el héroe anónimo del Ávila, aquí puedes leer la historia)

A pesar de sentirme bien por mi pequeño aporte por esta gran montaña, sólo recorro unos 4Kms. y no lo hago todos los días, por lo que siempre he pensado que algo más debía hacer además de recoger la basura, pero no llegaban a mi mente ideas que fuesen lo suficientemente buenas como para ponerlas en acción.

Hace unos días, recibí un "me gusta" en una foto que publiqué en instagram, de alguien llamado e-bags? Al ver la foto que les gustó, me di cuenta que había sido aquella en la que recogimos basura en el Yaque, así que me puse en contacto con ellos. En menos de una semana conseguí bolsas de tela reutilizables, bolsas oxo-biodegradables y hasta unos regalitos de parte de ellos. Lo más interesante, luego de la característica de las bolsas, fue el mensaje que está impreso en ellas: "Cuida tu Planeta”… Guao! Esto tenía que servirme de algo.

Hoy, como casi todas las semanas fui al Ávila, pero en vez de llevar una bolsita usual, me llevé mi bolsa oxo-biodegradable e-bags con el mensaje impreso y subí. De bajada recogí la basura que conseguí y al llegar a la entrada de Sabas Nieves boté la basura en los respectivos envases, ya que incluso en el sitio hay un punto permanente de reciclaje, pero sin botar mi bolsita porque no había tanta basura... la reutilizaré en mi próxima subida pensé.

De repente se me acerca un señor y me dice: Hijo, usted me puede regalar esa bolsa? Ya que usted limpió yo quiero hacer mi parte. Le regalé una sonrisa, la bolsa y le di las gracias por ayudarme en la difícil tarea de limpiar el planeta y crear consciencia. 

Ojalá el mensaje lo pueda seguir difundiendo de esta manera, ojalá otros se unan a la causa de cuidar nuestro planeta.


martes, 9 de abril de 2013

Cuanto pesa tu morral?



Dejamos el Pico Bolívar atrás, y todavía incrédulos de que lo habíamos conquistado, ya estábamos en camino a nuestro siguiente 4mil, el pico Humboldt (4.940 m.s.n.m.).

Esa tarde, después de unas 5 horas de camino desde los Timoncitos hasta la Verde (campamento base de Humboldt), montamos las carpas y los guías se pusieron a cocinar. De repente veo a lo lejos un grupo de unas 5 personas que llegaban al campamento con el ánimo en el piso unos se fueron directo a sus carpas y otros incluso se lanzaron en el suelo tirando el morral de ataque a un lado... Fue claro para mí que ellos venían de la cumbre o al menos de haber hecho el intento.

Mi curiosidad me decía, ve y pregúntales cómo les fue (aunque el lenguaje corporal lo decía todo), la consciencia me decía, no lo hagas, te puede desanimar su historia. La guerra entre estas dos sensaciones era como tener al angelito y el diablito de las comiquitas, sentados uno en cada hombro por un buen rato. De repente, el pana que estaba fuera de la carpa se paró, recogió su morral y se acercó a nuestro campamento… No podía ser, quién puede conseguirse con un conocido en un sitio tan escondido y tan difícil de llegar? Pues, sí, me conseguí con Ricky,  a quien conocía por ser el novio de una amiga mía. Ahí la consciencia perdió fuerzas y la curiosidad de preguntarle cómo le había ido ganó la lucha.

Ricky me comentó que fue muy dura la subida, que la cima les costó 13 horas (ida y vuelta) y eso que habían salido súper temprano (5:00 am), con bastante agua y con todas las energías del mundo. Además ellos venían haciendo la travesía al revés que nosotros (de Humboldt a Bolívar), por lo que era su primer pico. Esto que oía me empezó a preocupar, principalmente por tres cosas. La primera, Ricky es un loco más frito que yo, un pana que es músico y totalmente feliz de la vida y verlo poco sonriente aún después de haber llegado a la cumbre era algo que me ponía nervioso. Segundo, Ricky es una persona de al menos 1,75mts de altura, lo que hace que su paso sea considerablemente más largo que el mío, permitiéndome suponer que su velocidad de caminata era mucho mayor que la mía, entonces, si él se había lanzado 13 horas, cuánto voy a durar yo?. La tercera y la más difícil para mí, era que Erik no se sentía nada bien y, de continuar hacia la cima, podría retrasarnos de una manera importante.

Decidí compartir mis preocupaciones con uno de los guías y me dijo que las dos primeras no eran preocupaciones reales. Me dijo: Te estás preocupando por algo que sólo está en tu mente y pues estás comparando 2 realidades distintas.  La tercera si era algo realmente preocupante y el guía me dijo que la decisión de que Erik subiera o no, era una decisión de equipo pero que él no aconsejaba que Erik intentara la cima. Decidido, es hora de hablar como equipo, así que Henry, Erik y yo nos encerramos en una carpa a discutir del tema.

La conversación fue difícil incluso de iniciar, no es que seamos unos grandes excursionistas pero era la primera vez que nos enfrentábamos a la posibilidad de dejar a uno detrás. Decidí hablar desde los hechos para que luego llegáramos en conjunto a la conclusión. Sin embargo, para mi sorpresa, la posición de Erik era la que todo excursionista debe tener ante esta situación: Kimo, Enano (Henry), estoy claro que no estoy en la mejor condición y esta gripe lo empeora todo, sólo les pido que me dejen ver como amanezco mañana y si no me siento bien, yo mismo les diré que no subo. La verdad no fue fácil haber empezado la conversación pero escuchar de tu gran amigo palabras tan sabias, valió la pena.

Por supuesto la altura y mis preocupaciones hicieron de las suyas y no dormí casi nada. Se hicieron las 5 de la mañana y ya era hora de ir estirándose para estar listos para partir. Recordaba que Ricky me había comentado que él salió a las 5 y nuestra hora de partida era a las 6, una hora más tarde, lo que me devolvía a mis preocupaciones iniciales. Le pregunté a Erik como se sentía, se asomó por la puerta de la carpa y dijo, la gripe empeoró, hagan cumbre en mi nombre!!!.

El grupo se dividió, uno de los guías bajaría con Erik a Mérida (pues aún y cuando se sentía mal había que salir a pie de ahí) y el otro nos llevaría al Humboldt. Partimos nosotros primero y empezando el camino el guía nos dijo que nos tenía dos noticias, una buena y una mala. La buena es que la ruta que usaríamos para ascender no era técnica, es decir, sólo necesitaríamos de nuestra fuerza (física y mental) para llegar, pero que no necesitaríamos de cuerdas ni escalar ninguna pared; excelente pensé… y la mala? La mala sí que fue fuerte, la noticia era que si no llegábamos al glaciar del Humboldt a las 11:00 am no subiríamos a la cima, y si bien la decisión de si Erik subía o no era del equipo, esta era una decisión del guía y no era negociable. La explicación era que estábamos en verano y por tanto el glaciar, al exponerse al Sol de medio día, se debilitaba, haciendo peligroso caminar sobre él.

Ricky subió en 13 horas y esta pana quiere que yo llegue al glaciar en menos de 5 horas? Bueno aquí vamos a darle duro porque no queda de otra. Tanto el enano como yo estábamos claros, esto era una cuestión de llegar arriba en el menor tiempo posible, haciendo que los descansos, o fueran limitados o fueran menos, cosa que era muy difícil para nosotros, pues cada diez pasos sentíamos que necesitábamos oxígeno.

La subida no es empinada, es súper empinada y además de rocas y arenisca suelta en algunos tramos, haciendo que el subir sea más delicado, porque te entierras en la arena y además sueltas piedras que pueden ser peligrosas para quien viene detrás. El guía jugó un papel psicológico importante, pues era él quien reducía el tiempo de descanso diciéndonos: se nos acaba el tiempo, en la cima pueden descansar, ustedes deciden en dónde invertir el tiempo. Morral al hombro, a seguir subiendo.


Pasamos 3 horas duras de subida y de repente vemos al guía sentado en una roca sosteniendo en sus manos un pedazo de hielo, subí un poco más la mirada y entre las rocas habían huellas de glaciar… Estamos cerca, no falta mucho… La verdad no faltaba nada para el glaciar, eran las 9:20 de la mañana y estábamos colocándonos los crampones para atravesarlo.


Una hora y cuarenta minutos antes de la hora de quiebre, la alegría que nos invadía era mayor que el cansancio que padecíamos, pero sabíamos que, aunque había tiempo, la cumbre no había sido alcanzada aún y la meta era llegar a salvo al campamento base, así que nos faltaba un poco más de la mitad del viaje.



Y así fue como atravesamos el glaciar y pocos minutos después alcanzamos la cima. Dedicamos la subida a Erik y tomamos muchas fotos para poderlas compartir con él. 


Disfrutamos la cumbre, vimos llegar a otros que habían decidido subir por la ruta técnica y con ellos la sensación del éxito, esa que se muestra cuando sientes que lo lograste, la misma que de seguro hubiésemos visto en nuestros propios rostros si nos mirábamos en un espejo. 

Era la hora de celebrar con un buen vino y al abrir los morrales, nos dimos cuenta que habíamos dejado la botella en campamento base!




De esta experiencia aprendí varias cosas, entre ellas, lo importante que es hablar de los problemas, puede que sea difícil, puede que resulte un poco incómodo al principio, pero si dedicamos ese tiempo sabio a hablar de ellos, después no serán una carga en el camino. 

También aprendí que las preocupaciones no son importantes, pues, como diría mi padre, lo importante no es preocuparse, sino ocuparse, y es cierto, pues las preocupaciones pueden convertirse en temores y los temores en barreras que obstaculizan el camino o incluso en montañas más altas que la cima misma. Las preocupaciones siempre estarán presentes pero es importante pensar en cuáles de ellas son preocupaciones que están fuera de mi influencia y cuáles de ellas puedo resolver. Entendiendo esto, también entenderé en cuáles me debo enfocar para llegar a la meta y cuáles debo soltar para que no sean una carga sin sentido.

La experiencia de Ricky se hubiese podido convertir en un peso innecesario si hubiese decidido cargar con él… al final llegamos al campamento base, después de conquistar la cima, en unas 8 horas, felices y con nuestro paso igual de corto que al principio del viaje...



viernes, 15 de febrero de 2013

Los amigos de Santa


Desde el 2006, un grupo de soñadores empezaron a transformar una idea que tenían, en realidad. La idea era ayudar a esas personas en situaciones de calle a través de un momento agradable durante el mes de diciembre. Una especie de regalo proveniente del mismo Niño Jesús o Santa Claus y que le permitiera a los soñadores, regalar no sólo algo material sino también algo emotivo.
Y así fue como poco a poco estos soñadores convirtieron la idea en una realidad y al grupo de panas en una Fundación con miles de ayudantes… Su nombre Santa en las Calles!
A santa en las calles los conocí apenas hace dos años, en el 2011 y me enteré de ellos por el foro de los panas de MonteroYV. En esa ocasión fue meramente informativo y sólo dos personas del grupo nos fuimos a participar y además de manera separada y personal, Johan por un lado y yo por el mío.
Lo que hice ese año fue recolectar algunas cosas en casa (ropa que no usaba, algunas latas de atún, etc) y pedirle a algunos amigos que hicieran lo mismo y me lo dieran para yo llevarlo en nombre de todos. Y así fue como me lancé para el Colegio Don Bosco y, después de que vaciaron mi camioneta en 20 segundos, la estacioné cerca y me quedé ayudando.
El colegio Don Bosco se convirtió ese día (y se repite una vez al año) en un taller en donde los voluntarios (duendes) pueden elegir alguna de las líneas de producción y ayudar en la clasificación de ropa, hacer sándwich, clasificación de juguetes y embalajes de paquetes. Yo me decidí por la opción que consideraba podía ayudar más y me puse a hacer sándwiches. El momento se me pasó volando no sólo por el ambiente que hay en el sitio sino por la motivación que genera el ver tantas personas a tu alrededor queriendo ayudar sólo por la satisfacción que esto deja.
Ya un poco cansado y luego de tres intensas horas de hacer sándwiches, decidí que culminaba mi labor como duende y me fui cansado pero contento a casa.
Un año más tarde, a finales de octubre del 2012 me llegó un correo de santa en las calles, diciendo que ya estaban empezando los preparativos para el proyecto de ese año. Recibí el correo y me decidí a colaborar más que en el año anterior así que regué la voz desde ese día e incluso transformé mi casa en un mini centro de acopio en donde guardé los donativos de varios amigos y compañeros de trabajo.
Este año estaba dispuesto a convencer, junto con Johan, a la gente de MonteroYV para que colaboráramos pero como grupo y no de manera individual como hicimos en el 2011.
Tuve la suerte de saber que, un gran pana, Leo Colina, estaba en la coordinación de las rutas así que me puse a la orden porque estaba seguro que podría lograr meter a MonteroYV a ayudar ese año.
Y así fue como poco a poco, se fue anotando parte del grupo al proyecto de ayudar a Santa este año. Terminamos siendo en total, 10 camionetas y 14 panas, dispuestos a colaborar en lo que hubiese que hacer.
Nos reunimos todos en el punto de encuentro y a las 7:00 am llegamos en caravana las 10 camionetas repletas de regalos producto de la recolección realizada por cada uno. De ahí al Don Bosco para entregar nuestros regalos (esta vez duraron mucho más de 20 segundos vaciando las camionetas porque las llevábamos repletas). Vaciadas y estacionadas las camionetas, pasamos a la fase de duendes, pues entramos al taller, y luego de una charla informativa, nos pusimos a ayudar. En mi caso, repetí la labor y al notar la montaña de panes esperando por convertirse en sándwiches, sabía a dónde me tocaba.

El grupo se esparció en el taller y cada uno fue escogiendo una labor en la cual ayudar, de vez en cuando nos veíamos, nos saludábamos y aprovechábamos para una foto, pero luego volvíamos a la labor.

Recordé que Leo me había pedido que me anotara en la ruta en la que colaboraríamos y me dijo incluso cuál era la que más se amoldaba al tipo de ayuda que teníamos (10 camionetas totalmente vacías para llevar regalos vs. algunas rutas que no tenían transporte aún o que incluían pasos en donde el rústico era una solución). Seleccionada la ruta e informado todo el equipo, me devolví al departamento de sandwiches



De tanto en tanto me iba al punto de la coordinación de las rutas y revisaba  en la lista de las rutas la que nos habíamos anotado para saber a qué hora pasaríamos de ser duendes a renos, para manejar nuestros trineos (las monteros) y llevar los regalos al punto escogido.
Leo me cambió la ruta 3 veces, pero al final, a golpe de 11:30 se concretó la fase de trineos. El punto escogido, el centro nefrológico de Charallave. Hora de buscar las camionetas y entrar al patio de carga y llenar los trineos.

Camionetas llenas, trineos listos y ya era hora de arrancar, pero y Santa??? Cómo podíamos ir a entregar regalos sin un Santa? No tardó mucho en aparecer nuestro Santa. José Solórzano salió disparado a buscar el traje y a uniformarse de tan popular símbolo navideño para entonces, vestido, montarse en su Montero y liderar la caravana. El resto nos acoplamos a la caravana contentos por arrancar nuestra travesía.

De repente suena el teléfono de Gerald, era Leo informando que algunos regalos se habían quedado en el taller y que debíamos regresar. El grupo decidió dividirse, dos camionetas nos devolveríamos a buscar los regalos faltantes y el resto se iría a Maitana a esperarnos para acoplarnos luego. Listo, regalos adicionales en las camionetas y de nuevo en la vía. Lllegamos a Maitana, nos reunimos con el resto del equipo y tomamos la ruta hasta llegar al sitio seleccionado.
Al llegar al centro, empezamos a ubicar dónde estacionar y a sacar las cajas de obsequios y de repente, sucedió… Un niñito vio a Santa y lo gritó, tal vez otros 5 oyeron el llamado y en menos de 1 minuto, Santa estaba en medio de una veintena de niños y nosotros sacando juguetes y comida para regalar. Los padres de los niños nos ayudaron a ordenar un poco la emoción infantil que inmediatamente se transformó en colectiva y, aunque estábamos un poco cansados, las sonrisas se fueron esparciendo a la misma velocidad que los niños se alegraban por ver a Santa.




Pasamos algún tiempo entregando regalos frente al centro nefrológico pero también teníamos que entrar, pues ahora debíamos ayudar a santa a repartir obsequios a los pacientes que estaban recluidos. El momento fue bastante emotivo y el encuentro de emociones se convirtieron poco a poco en risas bañadas con lágrimas al ver la reacción de todos los que recibían sus obsequios, la cara de felicidad porque alguien se acordó de ellos y, a pesar de la difícil situación en la que estaban, una lucecita de alegría cambiaba el ánimo del lugar, de frío y callado a alegre e incluso con algunos gritos (cosa que a las enfermeras no les gustó mucho jejeje).
















Una vez terminada la entrega de regalos, dejamos algunos en manos de las enfermeras para los pacientes que irían a este centro el día siguiente y nos metimos en una salita de reuniones en donden nos prepararon una merienda navideña en la que recibimos muchos agradecimientos por la buena misión cumplida.

La satisfacción que se generó en cada uno de nosotros fue casi tan grande como la alegría que transmitimos a cada una de las personas que estaban allí, permitiéndonos volver a Caracas con una sonrisa en el corazón por la buena acción que realizamos




Hoy, dos meses después, al escribir estas palabras, aún me genera una gran satisfacción el haber ayudado de esta manera y que no haya sido sólo yo sino un grupo de personas de MonteroYV que me acompañaron en tan especial travesía. Agradezco a MonteroYV por permitirme haberlos liderado en esta caravana especial y a la gente de santa en las calles por habernos permitido participar en tan especial labor.

Nos vemos en el Don Bosco este Diciembre!

martes, 4 de diciembre de 2012

No Renunciaré

Esta historia tiene el honor de haber sido seleccionada para formar parte de la Revista Rio Verde en su 9na edición, que está a la venta a nivel nacional en Venezuela. 

Si la compran y quieren, se las firmo jejeje

Que la disfruten!



Cada vez que hacemos una excursión, vivimos miles de sensaciones y emociones que son difíciles de mencionar en palabras pero que de seguro a cada excursionista que me está leyendo, le es fácil entender con solo haberlo mencionado. En mi caso casi siempre la primera emoción es la misma… Necesito ir al monte, necesito mi morral al hombro. Una vez que me pica la necesidad de alejarme del mundo empiezo a buscar apoyo, tanto de amigos que se anoten en mi loca aventura como del dinero necesario para hacer la excursión, incluso ambas cosas antes de tener claro cuál es mi próximo destino. Hablas con los más cercanos, riegas la voz, haces una rifa para tener dinero y ligas que no gane nadie para no tener que comprar el premio, pero al mismo tiempo le das vuelta a la cabeza para saber hacia dónde apuntarás esta vez tu brújula.
De repente y sin más, listo! ya sé cuál es el destino, y la duda pasa a seguridad pues algo me llama a ese destino, por algo fue escogido. Ya pasé por la alegría de que nadie se ganara la rifa o por la tristeza de tener que invertir y pagar el premio al ganador, ya sé quiénes se anotaron a mi aventura, y quienes con tristeza me dicen: Pana, en esta no podré acompañarte.
El momento de hacer el morral es cumbre, que meto? Que no meto? Dónde está la camisa de la suerte? (o el amuleto que por alguna razón todos tenemos), listo ya está armado, no pero pesa mucho y falta meter la comida, que se me olvida? Será que necesitaré esto? De repente en la casa se oye un grito que siempre pone a mi mamá nerviosa: Mamá me llevo el cafeeeeé, Vuelvo en una semana y media! Y saliendo de la casa siempre es lo mismo…. Se me olvidó meter la caleta!(1)
Las emociones de alegría y nerviosismo se juntan cuando ya tomo la vía que va de mi selva de concreto al destino trazado y me digo a mi mismo, lo logré! Y de repente reflexiono y me doy cuenta que apenas es el comienzo. No he  ni rodado 20 kilómetros cuando empiezo a revisar el koala y el morral para asegurar que todo está en su sitio.
De repente llego al lugar en donde empieza la ruta y los primeros pasos son excitantes, al fin voy en camino a la cima, al fin voy en la dirección correcta. Esta emoción dura mucho o poco pero la verdad creo que a todos nos pasa lo mismo, llegamos a ese punto de quiebre en donde nos preguntamos: quién me dijo a mí que me metiera en este rollo? Cuándo se me ocurrió a mi esta “brillante” idea? Qué fácil era quedarme en semana santa en la playita. Creo que estas preguntas pasan en los primero kilómetros, para los que somos menos experimentados, y tal vez en el segundo o tercer día para los que más conocen de este mundo, pero me atrevería a decir que a todos nos pasa por la mente, y a veces hasta lo compartimos con el resto de los panas de la excursión, generando un momento en donde las emociones pasan a colectivo y te das cuenta que no eres el único que lo piensa, pero si el único que se atrevió a decirlo de primero.
 No importa cuántas veces se monta el campamento, al día siguiente hay que desmontarlo, no importa cuántas veces te tropiezas, hay que levantarse y seguir caminando, no importa cuántas veces subas una loma, de seguro viene ahora una bajada y te preguntas, pero si yo lo que quiero es hacer cima, por qué tiene que venir una bajada?
El camino se hace difícil, el día está totalmente nublado, el ánimo te  tumba, cada persona del grupo se encierra en sus propios sentimientos y dolores, y aunque son similares, necesitas ese tiempo a solas para saber qué es lo que realmente pasa por tu mente, porque no te atreves a preguntarte qué es lo que realmente sientes.
Aún a kilómetros de distancia del lugar, me siento porque no aguanto el morral, los pies me matan y siento que no puedo más. Otra vez vuelve a mi mente el momento en que armé el morral: lo sabía no debí meter tanto perolero. Lo impresionante es que ante tan fuerte sensación de derrota y casi de renuncia, el cielo se despeja, el camino te brinda una refrescante brisa fría y a lo lejos la naturaleza te muestra la razón por las que has pasado por cada una de estas sensaciones. Casi como pintado y perfecto aparece el cuadro de la cima a la que quiero llegar, se dibuja el glaciar que veo por primera vez en mi vida tan de cerca y al lado a uno de mis mejores amigos en la misma situación que yo casi tan agotado que pareciera querer renunciar, pero el mágico regalo de haber visto lo que mis ojos perciben pero mi boca no puede pronunciar y el convencimiento con el que Erik toma su bastón asegurándose a sí mismo que seguirá adelante me permiten convencerme que estoy sólo a kilómetros de camino, que la selva de concreto quedó atrás, que quien decidió estar aquí fui yo y que la razón está a escasos kilómetros y me la acaban de recordar desde el cielo.
Tomo la foto, me monto el morral le pego un grito a Erik para que arranquemos y me digo a mi mismo: No renunciaré
Foto tomada el 21 de Marzo del 2008 en la aventura para hacer los Picos Bolivar y Humboldt, en algún lugar entre el campamento base del Bolivar y el campamento base del Humboldt
(1)    Término utilizado para nombrar la comida adicional que agregarás a tu morral para rápido consumo en caso que ataque el hambre a mitad del camino (chocolates, frutas secas, granola, etc)

viernes, 9 de noviembre de 2012

Otro canyoning, otra lección!

Después de mi aventura en Tamaira, y luego de pasados varios años, decidí repetir con el canyoning pero me puse a buscar una nueva cascada en la que se pudiera practicar este deporte. Ya para esta época VenezuelaX se había mudado de Caracas, así que consulté a los panas de Climbing Venezuela porque estaba seguro que ellos me darían varias opciones.


Total que Daniel me ofreció al menos 4 cascadas distintas, cada una con sus diferencias pero todas con un gran atractivo para mí, sin embargo me decidí por la de Petaquirito pues en el calendario de Climbing era la más cercana.

Hora de la llamada a los panas para ver si había quórum y ahí mismo aparecieron, Erik, Pipo, el negrito Henry y Germán. La respuesta de todos fue más o menos igual: tenemos años sin hacer nada fuera de lo rutinario así que sí, me anoto.

Hablé con Daniel y cuadramos. Esta vez decidimos ir en nuestros carros así que decidimos el punto de encuentro, nos conseguimos y partimos.

Petaquirito se encuentra en el Edo. Vargas, cerca de Chichiriviche de la costa, por lo que el principio del viaje fue bien sencillo, algo de montaña, algo de curvas, pero todo dentro de lo normal.  Sin embargo, luego de avanzar varios kilómetros, el terreno pasó a ser de tierra, y debido a las lluvias del día anterior, había varios pasos en las que el barro y las piedras dejadas por derrumbes, hacían el paso un poco más pelu…. No, mejor digamos, un poco más simpático. Mientras hacía el recorrido y viendo las condiciones del terreno me preguntaba qué tan fuerte estaría la cascada….

Después de dos pegues de dos camionetas distintas y de embarrarnos un poco, tocó la hora de “lavar” los vehículos, pues ahora había que atravesar un río que, por las lluvias del día anterior, por supuesto estaba crecido. El primer paso estaba imposible, el nivel del río era muy alto así que desistimos de pasar por allí. Daniel, conocedor del la zona, pensó en pasar en otro punto de tránsito que estaba río arriba. Cambiamos el rumbo, evaluamos el paso, ciertamente estaba más bajo así que decidimos cruzar y todo salió bien. Avanzamos un poco más por la carretera y   llegamos a un sitio en donde la vegetación de la montaña se había comido la vía, y ahí, en el medio de la nada y sin poder avanzar más, Daniel nos grita: Llegamos! 

Cerramos los carros, recibimos los equipos, nos disfrazamos de rapeleros, firmamos los papeles acostumbrados (si, los mismos que siempre hacen que te preguntes si tienes uno o varios tornillos flojos en la cabeza) y empezamos la caminata.

La aproximación a esta cascada es bastante simple, sólo hay una bajada de piedra y vegetación y listo ya estás en el río, unos 30 metros delante de ti ya ves la cascada.
A diferencia de Tamaira esta es una sola cascada que tiene cerca de 40 metros de caída líquida. Sin embargo de frente la cascada no se ve tan interesante puesto que la cascada queda como detrás de dos grande rocas que cubren la parte superior.

Charla explicativa y ahora para arriba, a caminar hacia el tope de la cascada. Daniel se encarga del aseguramiento del todo el grupo, lanza las cuerdas, las protege del roce, revisa el nivel de agua y dice: Bueno señores, no quiero que se asusten pero vamos a evaluar la cosa, porque el río viene con fuerza! Todos nos preguntamos, será que nos va a pasar lo mismo que nos pasó en la cueva? Otro intento fallido? No puede ser!

De parte del equipo de Climbing bajó una exploradora. Desde arriba todos la vimos descender y luego simplemente desaparecer. La forma que tiene esta cascada y la forma como entras a ella es tal que haces un rapel líquido y seco dentro de los primeros 15 metros y luego entras en contacto con la cascada, la misma que se veía escondida entre dos piedras pero que vista de este lado se convierte en un tubo de piedra por donde pasa el agua. Los riesgos eran que la fuerza del agua fuera tal que nos golpeara hacia un borde de este tubo de piedra o que el caudal fuera tan fuerte que, entre la adrenalina y la claustrofobia el ambiente fuera difícil de controlar.

La exploradora apareció más tarde debajo haciendo señas y pegando gritos asegurando que el paso era seguro y “divertido”.  No sé si fue tin marin, cara o sello o simplemente al azar, pero el primero fue Erik.



Se oye “LIBRE” y toca al siguiente, Pipo, no se sabe qué estaba más blanco si el agua o él. Todos asumimos que era por falta de sol, pero creo que la preocupación hizo de las suyas. Enfrentó lo que debía enfrentar en su mente y se pegó a la cuerda para descender.



Desaparecido tras la blancura del agua, y después de haber oído “LIBRE”, le tocó el turno al negrito Henry. Su viaje fue uno de los más cómicos, él sólo me decía: tómame todas las fotos que sean posibles porque no sé si voy a repetir esta locura! Y así fue, le caí a fotos hasta donde pude. Al principio tenía un problema importante, no sabía si iba a bajar a lo derecho o a lo zurdo así que hizo su ejercicio mental hasta que se decidió (a lo derecho)


Siguiente turno, Germán, uno de los que más se gozó la cascada desde el primer intento (no sólo fuimos osados para meternos con el caudal como estaba, sino que lo hicimos más de una vez).


Después de oír libre! pasó lo que tenía que pasar, me tocaba el turno. No sé si es como lo recuerdo o es como en realidad pasa, pero siempre ando planificando estos viajes y termino siendo el último en hacer la actividad. Nervios o cortesía con mis invitados? Prefiero pensar que es la segunda razón! Jeje.

El tema era más complicado de lo que se veía. El rappel en líquido era como siempre en el rappel, algo divertido pero sin dificultad, lo más difícil era enfrentar un saliente en el que el procedimiento de “vampirito” ayudaba a atravesar el escollo. Después la aproximación a la cascada, mientras más cerca más imponente, la fuerza de su caudal se asocia con la llovizna que te causa y el ruido extremo que genera, que además hace eco en esa especie de concha acústica natural formada por el conjunto de piedras que servían de túnel. El atravesar el chorro de agua era el paso difícil. Si lo hacías muy lento, en algún momento estarías en el medio del chorro y este te lanzaría a las piedras, hacerlo muy rápido era lanzarte en rappel a un vacío que no veías pues el agua no dejaba ver que había más alla.  Hora de decidir qué hacer… Bajé con cierto temor para aproximarme un poco más y probar la fuerza del chorro de agua, frené en el sitio que permitía que mis pies estuviesen expuestos a la fuerza del agua… definitivo, lento no es posible, hay que apurar el rappel, pero que hay más allá? Dónde está la roca? Cuanto más rápido bajo? Mil preguntas y un par de segundos para tomar la acción que consideras debe ser la correcta. Recordé mi vuelo en parapente en donde había que correr al vacío porque aunque es naturalmente un error correr hacia el vacío, es en ese momento lo correcto.
Decidido, el caudal es fuerte así que el rappel lo haré con mayor velocidad hasta atravesar el chorro de agua. Y así fue, solté la mano de freno y me dejé caer… el agua me cubrió hasta la cintura y me empezó a llevar hasta la piedra, esto no era el plan, necesito atravesar más rápido pero además el agua me volteó y quedé de frente al chorro de agua y de espaldas a la pared de piedra, peor imposible, al menos eso era lo primero que me vino a la mente.
El ser humano es impresionante, ante estas situaciones, el cerebro reptil (dónde dicen que se toman las decisiones por instinto) siempre decide hacer acciones que normalmente te ayudan. Sólo puse un pie en la piedra, conseguí un punto de apoyo y quedé en un punto de equilibrio entre el chorro y la piedra, sin que el agua tuviese control sobre mi cuerpo, sin que me estuviese golpeando contra la piedra y ahora en mejor ángulo para ver el resto del camino.

Así fue, decidí cuál sería mi siguiente paso, la idea de acelerar el rappel no salió del todo bien a la primera, pero ahora era el paso lógico y me lancé. Ahora si estaba expuesto a la fuerza de la naturaleza, formando parte del caudal de agua y siempre con la mirada baja para asegurar la respiración. Un poco más de cuerda un punto de apoyo para volver a colocar alguno de mis pies y poder volver a tomar control de la situación. Y así pasó, lo logré, estaba en el medio de esta cascada en un sitio en el que medianamente podía controlar pero que fue suficiente para retar el momento, sacar la cámara de agua e intentar tomar una foto.
Tratar de sacar la cámara que estaba en un estuche cerrado guindado a la altura de mi cintura en el arnés no era tarea fácil, no solo por el lugar en el que estaba sino porque debía hacerlo con mi mano izquierda solamente (pues la derecha es la que me servía de freno para no seguir descendiendo). Después de una pequeña batalla, salí victorioso y logré hacer algunas fotos, no fueron las mejores, pero dadas las circunstancias creo que salieron perfectas.



Disfruté muchísimo la experiencia y al final todos lo hicimos, pasó de ser un reto imposible a una aventura divertida y que repetimos creo que hasta 2 veces más ese mismo día.

A veces me pregunto qué es lo que hace que siga haciendo esto que algunos tildan de locura. Por qué exponerte a estas situaciones cuando puedes estar tranquilo en casa? Pues la verdad no creo que sea fácil describir las razones, puede que muchos crean que esas razones van asociadas a la búsqueda de la adrenalina, el afrontar una situación de riesgo pero divertida, pensar en la emoción que genera haberlo logrado y/o conseguir algo más para este blog. La verdad es que todas esas son válidas pero creo que además, cada una de estas aventuras termina dejándome un aprendizaje, en cada una de ellas la vida me enseña algo pues he atravesado por una experiencia nueva que decidí vivir, a la que decidí atravesar y que decidí superar.

De Petaquirito me quedó el aprendizaje de la decisión, pues siempre estamos ante situaciones en las que debemos decidir qué hacer, y en donde incluso no hacer nada es una opción, pero probablemente es la opción más cara. Tomar la decisión puede no ser fácil, y seguramente lo que lo hace más difícil es el no saber si acertarás o te equivocaras. Sólo después de tomar la decisión lo sabrás, sólo tendrás la respuesta después de haberlo intentado.

Muchas fotos son cortesía de los panas de Climbing Venezuela




jueves, 1 de noviembre de 2012

Un kilómetro de agua vertical!



Después de un maratónico proyecto laboral y luego de habernos paseado por diferentes locaciones, escogimos, Gerald y yo, desconectarnos del mundo e ir a conocer el maravilloso Salto Angel durante el puente del 12 de Octubre. Esta vez, y a diferencia de muchos viajes anteriores, me preparé con algo más de tiempo pues era la primera vez en la que planificaba un viaje de este tipo para Gerald. 

Todo los utensilios estaban empacados en los morrales y cada cosa estaba bien resguardada contra el agua, aunque nunca es mucho cuando se empaca para este tipo de viajes, sólo faltaba partir a nuestro destino. 


Y así fue como el 12 de Octubre a las 4:00 de la mañana empezó nuestro viaje para Canaima. Para llegar tomamos dos vuelos, el primero de Maiquetía a Puerto Ordaz, un vuelo común y corriente de 45 minutos, y el segundo en una avioneta de 6 puestos de Puerto Ordaz a Canaima.  
Este último vuelo es un espectáculo que permite ver desde la altura a la ciudad de Puerto Ordaz, la represa de Caruachi, la inmensidad del Caroní y la belleza de la sabana/selva del parque Canaima, para cerrar, justo antes del aterrizaje, con la belleza del Salto el Sapo y la Laguna de Canaima y sus saltos Hacha, Wadaima, Golondrina y Ucaima.



Una vez en Canaima conocimos a nuestro guía David quién estuvo encargado de todos los detalles para luego tomar el transporte al campamento. La primera sorpresa fue oír la amabilidad de nuestro guía quién nos informó que el itinerario planificado había sido totalmente modificado, la razón, la noche anterior a nuestra llegada había caído un palo de agua y el nivel del río había subido por lo que había que aprovechar la fortuna del río crecido. La segunda sorpresa fue la ubicación del campamento, pues el Campamento Ucaima, es el único que, en vez de quedar a orillas de la laguna de Canaima, como todos los demás, este queda arriba, como a 10 minutos en curiara de donde están los saltos de agua. Esta ubicación le permite a Ucaima ser el  único que te permite observar la majestuosidad de los tepuyes kürün (zamuro), Küsary (venado) y Kürawaina (bromelia) que lucen como tres majestuosos eternos que se muestran cercanos para el deleite y lejanos para su exploración.



La tercera grata sorpresa fue que al llegar al campamento, nos recibieron con un collar artesanal y un coctel de bienvenida. Esta última sorpresa sólo la había recibido en hoteles turísticos fuera de mi país (Filipinas específicamente) y fue un orgullo y un honor recibir en Venezuela este gesto pues simbólicamente representa mucho, sobre todo para el fomento del turismo en el que se agradece y valora este tipo de detalles.

Nos tomamos nuestros cocteles y empezamos a conocer al grupo que nos acompañaría en esta aventura con aroma a tepuyes y sabor a tricolor venezolano. El guía ya lo habíamos nombrado, David Chance, un joven nacido en la zona limítrofe entre Venezuela y Guyana y que lleva 10 años en Canaima sirviendo de guía, cocinero, cuentacuentos y amigo, que unido a nuestro gran capitán Pedro y su remero de apoyo conformaban el grupo de guías de nuestro grupo. De Puerto Ordaz nos acompañaron Eorys y Daniel quienes siempre estuvieron en la proa de la curiara, como los pioneros en la mayoría de los viajes. de Caracas nos acompañaban Pina en compañía de su hijo al que le cambiamos tanto el nombre que ya no sé cuál es el verdadero. También de Caracas nos acompañaba Victor, un gran amigo de Pina quien tenía muchos años fuera de Venezuela y de alguna manera imagino que este viaje fue una especie de reencuentro con su país. Igualmente de Caracas, nos acompañaron Claudia y su niña Isabella, la consentida del viaje. De Maracay Eduardo y su esposa, quienes se transformaron en poco tiempo en los tíos adoptivos de Isabella. Por supuesto a este grupo nos uníamos Gerald y yo.

La historia de cada personaje de este relato, su pasado, su día a día y las razones del por qué estábamos allí, de seguro eran distintas , pero por alguna razón, todos coincidimos y nos juntamos sin buscarlo así, para  conocer un ícono de nuestra hermosa Venezuela.

Y así fue como después presentados y sin retener todavía los nombres de cada uno, emprendimos el viaje al salto Angel, todos montados en la curiara, con el sol iluminando el camino, carrao arriba y con las expectativas a millón.

La primera parada la hicimos para hacer una caminata de una media hora (a paso de David serían 10 minutos y al nuestro serían 45). La idea de esta caminata era evitar que nos expusiéramos a uno de los rápidos más fuertes del rio Carrao y evitar así cualquier accidente. Esta caminata quedó adornada por lo hermoso del paisaje de sabana y por dejar a nuestro lado los tepuyes Kürün, Küsary y Kürawaina, además de agregar a otro gigante en la ruta, el topochi.

Al final del camino no esperaba nuestro capitán de nuevo en la embarcación, nos montamos y seguimos nuestro viaje a la siguiente parada que sería para almorzar: El pozo de los deseos, unos rápidos formados por un río afluente al Carrao. Arrancamos la navegación y al llegar, el sitio estaba literalmente colapsado. Me encontraba en uno de esos momentos en los que decimos que tenemos sentimientos encontrados, pues me parecía magnífico que muchas personas hayan elegido ir al Salto Angel y conocer este fantástico lugar pero al mismo tiempo sentía que la cantidad de gente representaba, de alguna u otra manera, una carga contaminante muy fuerte para tan delicado ecosistema. 

La sensación fue extraña pues unas razones motivaban mi alegría , mientras que la otra motivaba mi preocupación por la preservación de este espacio único en el mundo.

Definitivo, mucha  gente, prendimos el motor rumbo a la isla orquídea para almorzar allá y navegamos una media hora más hasta llegar al destino. Mientras nuestros guías coordinaban el almuerzo, pocos se resistieron al llamado del río para probar un baño. El agua del Carrao nos recibió helada y como siempre con su acostumbrado color “nestea” o papelón para ponerlo en criollo. Bañados y comidos, nos montamos en nuestra nave para seguir remontando el Carrao con rumbo al cañón del diablo y seguir la travesía remontando el río Churum, no sin antes admirar el Wei Tepuy (el tepuy del sol) como un abreboca para lo que nos aguardaba río arriba. (Antes de seguir la historia, quisiera que supieran el por qué el nombre de este tepuy. La historia cuenta que esta etnia consideraba que el sól nacía de este tepuy que tiene una forma y una ubicación que, bajo cierto ángulo de vista, hace percibir que el sol sale justo por el medio de él, haciendo naturalmente la escogencia de su nombre).

Al pasar al río Churum el cauce del río se estrecha y el Auyan Tepuy empieza a mostrar sus zonas más imponentes, murallas del tamaño de gigantes de millones de años rodeados de una abundante vegetación y acompañado de muchas cascadas sin nombre que adornan aún más las paredes del tepuy. (De acuerdo a lo que nos contaron, las caídas de agua que no son constantes, no se les colocan nombre, sólo los saltos que siempre tienen agua son lo que la etnia pemón les otorga un nombre).
El río Churum empieza a serpentear, dejando a veces a nuestras espaldas las grandes paredes para luego volverlas a ver de frente. Al principio este serpenteo te hace creer que son unos cuantos cientos de tepuyes uno al lado del otro, pero cuando comprendes que cada uno, no es  más que el pedazo del tepuy que se muestra desde el punto en el que estás del río, te das cuenta de lo inmenso que es este gigante milenario


Dolor en las nachas, incomodidad, hora del burro y ya un poco cansados del reducido espacio de la curiara, los ánimos del grupo estaban como bajitos y como para mejorarlo, empezó el palo de agua, hora de montarnos los impermeables, proteger las cámaras y esperar que fuese una lluvia pasajera… pasajera fue, es decir se instaló encima de nosotros y se convirtió en otra pasajera de la curiara jejeje. El frío se hizo más intenso pero poco a poco dejó de llover y justo a tiempo salió el sol radiante. En una curva  a la derecha David nos grita…. Ey! Ahí está, admiren el chorrito de agua que parece que lo abrieron! Frente a nosotros el imponente Salto Angel  que se dejaba ver completo. El espectáculo era tal que tuvimos que parar la navegación para poder tomar las fotos por no menos de 10 minutos. Lo que teníamos al frente era por lo que habíamos venido y aún este siendo el espectáculo principal, el secundario era nuestras caras de asombro y admiración ante tan espectacular obra de arte natural.





Ante nosotros un salto imposible, sólo imaginado por el arquitecto de este mundo, que luce perfecto ante nuestros ojos asombrados, el agua está como detenida en el tiempo, flota y no se mueve, una foto pintada justo frente a nosotros que renovó las energías del grupo.

En lengua local, el nombre de este salto es Kerepacupay Vena, algunos también lo llaman  Kerepacupay Meru pero la palabra Merú (que significa salto) se utiliza más en los nombres de otros saltos y no en este rey de reyes (no conozco el motivo). Su nombre significa Salto que viene de lo más profundo y su imponente presencia es indescriptible. De su altura hay muchos números pero en este viaje aprendí algo que desconocía: todos sabemos que es la caída de agua más alta del mundo y ronda los 979m de altura, lo que no sabía es que estos 979m sólo hacen referencia a la parte del salto que es de caída líquida o ininterrumpida, es decir que el salto es más alto aún, sólo que desde que sale de lo más alto del tepuy, primero pega con una piedra inmensa en medio de la caída y de allí cae de manera ininterrumpida hasta el suelo. De acuerdo a lo que nos comentaba David, la altura total representa 1.050 metros, poco más de un Kilómetro vertical de belleza absoluta y única.

Llegamos a tierra firme, al campamento justo frente al Salto y aprovechamos lo que nos quedaba de luz para fotografiar al protagonista, al sueño cumplido de algunos, al retorno de otros, al indescriptible kerepacupay vená que nos dejó boquiabiertos aun después de las miles de fotografías.

Sueño cumplido, logré llevar a mi Gerald a este mágico lugar.  Pero aquí no terminaba el viaje, apenas era el inicio. Aún nos faltaba acercarnos más al Kerepacupay para verlo desde su mirador, para bañarnos en sus aguas y para llenarnos de la energía que caería sobre nosotros en forma de manto de agua.... Eso sucedería al día siguiente de este hermoso viaje y puede que en algún otro momento suceda que les cuente esa historia…..