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miércoles, 11 de febrero de 2015

Cada viaje es un camino y cada camino es un viaje

Se acababan mis vacaciones decembrinas,  el  12 de enero debía reincorporarme y aunque pasé unas felices fiestas en compañía de mi familia, necesitaba uno de esos espacios de soledad previo a mi “vuelta a la rutina”. Ese viernes mi hija iba a cuidarla su preciosa abuela porque aún no arrancaba la guardería y mi esposa debía trabajar… Viernes sin planes y sin gente que se anotara al plan,  son el tipo de variables que te hacen decidir no hacer nada pero, contra todo pronóstico yo estaba decidido a hacer algo.
Me vestí de jean y franela pero además armé un morral con un short ya que sin un plan claro tampoco estaba seguro de si tenía la vestimenta adecuada para la ocasión. Una arepa envuelta en papel aluminio, un pote de agua y directo a la “kimoneta” para decidir qué hacer.

La primera idea que pasó por mi cabeza fue irme a Higuerote y echarme el primer baño de mar del 2015, sin embargo no estaba convencido… Ir más allá era rodar mucho y conocer poco, pero aún no daba con la idea de qué lugar podría convertirse en destino.
Subiendo hacia la cota mil, en vez de tomar hacia el este, tomé por “error” hacia el oeste y en vez de corregir el rumbo terminé decidiendo que subir a Galipán sería una opción, al menos como primer lugar a visitar del día. Destino fijado, ya había rumbo,  así que empezó el viaje hacia Galipán, cargado de verde alrededor y acompañado de esa neblina que caracteriza nuestro hermosos Ávila cuando el día esta lluvioso.


Para los caraqueños esta ruta es muy conocida, bien porque la usan para entrenar o bien porque la usan para subir a Galipán con carro propio o a través de los jeeps que prestan el servicio de llevarte y traerte. La ruta desde hace mucho dejó de ser de tierra y ahora un camino de cemento te lleva por la montaña, haciendo que no haya mayor dificultad en el camino, pero el cuál debe ser recorrido con 4x4 para evitar cualquier riesgo. Una ruta fascinante, en la que, si de verdad te sumerges, puedes desconectarte en poco tiempo de la ciudad, sin haberte alejado de ella.

Al llegar arriba, una bifurcación frente a mi ayudó a aclarar la ruta que seguiría. A la derecha, la ruta para el pueblo de Galipán, lugar cargado de flores, mermeladas, galletas, sándwiches de pernil, paseos a caballo y su frío característico. A la izquierda y en picada, una ruta que no conocía y que lleva a la Guaira desde Galipán. Entre lo conocido y lo desconocido me decidí por lo segundo, así que ahora montaña abajo empezaba mi viaje (no sin antes tomarme al menos un chocolatico caliente en el merendero que está en plena bifurcación).

Empezando a bajar, noto que la ruta es muy parecida a la subida de Caracas a Galipán pero, al menos en mi percepción, es un poco más empinada, es un poco más angosta  y tiene curvas un poco más cerradas, aunque esto no la hace más difícil, siempre que le des el merecido respeto a que estás conduciendo y que debes ir con precaución.

Luego de algunos kilómetros de bajada, la neblina se va esparciendo y el verde bosque del Ávila me deja algunos espacios para disfrutar de paisajes azules en los que la naturaleza juega con tu mente y no sabes si lo que ves es cielo o mar.


Esta ruta en la que el destino es la costa, termina atrapando tu mirada en esa dirección, pero no deja de ser un espectáculo el aprovechar alguna de las curvas cerradas y volver la irada hacia la montaña y disfrutar el paisaje que vas dejando detrás que, a pesar de ser diametralmente opuesto al paisaje costeño, no deja de ser igual de bonito e imponente.



Ya manejando por la costa y habiendo dejado atrás la ruta por nuestro Ávila, me permito regalarme un auto agradecimiento por haber metido el short y sigo mi camino hacia alguna de las playas de la costa de Vargas en la que terminé disfrutando del primer bañito de playa del 2015.

Este viaje no tuvo una gran dificultad, ni proezas importantes en términos deportivos, ni rutas exóticas típicas de nuestro país, pero si tiene varios componentes que a mí me hicieron disfrutarlo y también compartirlo con ustedes:

Los errores son parte del camino y el aprendizaje también: Haberme equivocado en la ruta trajo como consecuencia un destino real que antes del error no era claro. Los errores no son malos, pues todos nos equivocamos, lo malo es no aprender de ellos ni corregir el rumbo después del error.

Una bifurcación no es un problema, una indecisión si lo es: Ante una bifurcación, se espera de ti una decisión y lo peor que puedes hacer es quedarte inmóvil en medio de ella sin decidir cuál es el camino que vas a tomar. No digo que sea fácil, sólo digo que debes tomarla, y si necesitas un chocolatico caliente para ayudarte a decidir, entonces haz la pausa, disfruta el corto momento y luego decide.


Avanza hacia tu meta pero nunca olvides lo que has recorrido: Hay quienes piensan que la victoria se alcanza al llegar a tu meta, a la cima, al objetivo, pero eso es sólo un punto del largo recorrido que has hecho, y eso es lo que genera la experiencia y el aprendizaje, incluso en los casos en los que no llegas al objetivo a pesar de haber recorrido parte del camino. No dejes de apreciar lo que ya has vivido, porque recordarlo al ver hacia atrás, te permite recordar de dónde vienes, cuánto has vivido y cuánto has dejado atrás, lo que puede convertirse en vitaminas para continuar con lo que te falta para llegar a tu meta.

Cada viaje es un camino y cada camino es un viaje, no dejes de caminar, no dejes de viajar, pero sobre todas las cosas no dejes de disfrutar lo que sucede en cada viaje, lo que te pasa en el camino, lo que te deja la ruta. Esas cosas que en principio te pueden parecer pequeñas, son las que te terminan dejando lecciones de vida…

lunes, 1 de octubre de 2012

Son de Caracas, las colas que no me gustan



Algunos de mis lectores me han dicho que les gusta el blog porque les ha permitido con él viajar por Venezuela, otros me dicen que les gusta porque les permite imaginarse mis aventuras. La verdad es que ambas cosas son parte de las cosas que me gustan del blog, pero me queda la duda de si a mis lectores les logro mover la fibra de la curiosidad  que les permita, o ir a conocer nuevos escenarios de este bello país o vivir una aventura dentro del mismo.

El término aventura ya lo hemos tocado en varios de mis cuentos, y a veces creemos que hay que montarse un morral, agarrar un avión y “pasar roncha” para vivir una aventura, cuando, por el contrario, las aventuras están a la vuelta de la esquina esperando que sea nuestra actitud para vivirla de esta manera lo que convierte cualquier momento de nuestra vida en algo que califiquemos de aventura y que automáticamente nos convierte a nosotros en aventureros. Y como reza el viejo dicho, para muestra un botón, aquí les dejo esta historia…

Muchos de mis conocidos saben que año a año hago lo posible por ir a dos festivales de videos de deportes extremos, uno es el festival Ascenso, y el otro es el festival Banff. El día de Jueves de la semana pasada empezaba este último y llegar al auditorio en donde se realiza este evento, fue toda una odisea.

Primer problema, Las entradas: Como me gusta ser precavido normalmente compro mis entradas antes del día del festival y normalmente hay ciertas tiendas en la ciudad de Caracas que las venden, pues llamé a esta cadena de tiendas y aún no las tenían, ouch!. Como no quería dejar de tener mis entradas, y aprovechando que ando en una de planificar un viaje con Akanan, les pregunté a ellos si las vendían y BINGO! Ellos si tenían las entradas, así que fui hasta su cuartel general para terminar de arreglar detalles de mi viaje y comprar las entradas.

Al llegar a Akanan, como por obra de Murphy, el punto de venta se había dañado. Gentilmente la me dijeron que no me preocupara que apenas el punto de venta lo acomodaran, me llamarían. Como no podía resolver en efectivo lo de mi viaje, pues al menos las entradas de seguro si podría, y al abrir la cartera, sólo tenía 200 bolos, justo lo que se necesitaba para comprar 2 entradas, y yo quería 6. En casa me enseñaron que hay que arroparse hasta donde llega la cobija, así que compré dos entradas para el primer día del festival y resolví mi primer escollo.

Segundo problema, La hora de salida: El día del festival fue particularmente rudo en el trabajo, pero el trato era que debíamos salir a las 6:00pm de la oficina (ubicada a la altura de plaza Venezuela) para llegar a las 7:30pm al festival (ubicado en los cortijos). Lastimosamente la hora de salida se vio afectada por reuniones que se extendieron hasta las 6:10 y ascensores que no funcionaban bien, haciendo que retrasáramos nuestra salida hasta las 6:30pm. Ahora la pregunta de las mil lochas: Qué ruta tomamos para lograr darle la vuelta a Caracas en menos de una hora?

Tercer problema, La cola: Al salir del estacionamiento revisamos la Avenida Libertador y estaba como siempre está a las 6:30pm… tráfico parejo, así que decidimos subir hasta la cota mil para bajar por Sebucán, así que tomamos la ruta hacia la cota y todo iba bien hasta que pasamos la salida de Chacao en donde todo colapsó y pasamos de un avance de 80Km/h a Cero!. (Hora: 6:50pm)

Hora de cambiar la ruta, en la próxima que puedas nos salimos e la cota, me dijo Gerald, y así fue, bajamos por Altamira. El cambio de ruta parecía fructífero pues llegamos relativamente rápido a la Francisco de Miranda, pero al tomarla, justo frente al Parque del Este la cosa volvió a convertirse en estacionamiento. (Hora 7:15pm). 

No podíamos ver a ciencia cierta qué nos tenía detenidos pero suponíamos que era el semáforo que está a la altura del Centro Comercial Milenium, al llegar allí nos dimos cuenta que la cola seguía igual de ruda y que definitivamente había algo más adelante. Y así fue, al llegar a ese semáforo, había un grupo de gente haciendo campaña electoral y con ello haciendo más difícil el paso por esta zona (Hora 7:45pm). Una vez dejado este problema detrás, pudimos avanzar rápido desde allí hasta el estacionamiento y luego agarrar el transporte del estacionamiento al festival al que terminamos llegando a las 8:05 pm.

La grata sorpresa fue que aunque el evento estaba citado para empezar a las 7:30pm, era a las 8:00 pm que empezaba y pues no nos perdimos ni medio minuto del festival, el cual disfrutamos al máximo.

Y así fue como logramos llegar al festival de videos, haciendo de esta ruta y su historia toda una aventura. No me pregunten como hicimos el segundo día del festival que fue viernes, quincena y para rematar, llovió en Caracas jejeje



Tal vez no sea la mejor de mis aventuras, sin embargo con ella quiero transmitirles lo siguiente: la cola diaria no va a cambiar, es más, debemos estar conscientes que el que haya más o menos cola no es algo que nosotros podamos controlar. Sin embargo, si logramos inyectarle a este momento una pizca de humor, la música que más nos gusta, un audio libro del tema del que queremos aprender o alguno de esos juegos que de niños jugaban con sus padres en los viajes largos de una ciudad a otra (adivinanzas, canciones, etc), les puedo asegurar que, aunque no se convierta en una aventura, de seguro lograrán convertirlo en un momento más agradable. 

La vida es eso que pasa mientras la llenamos de momentos, recuerdos y vivencias, que sean agradables o desagradables depende más de nuestra actitud que de la suerte o el destino.